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Rebrote Baudeleriano
Selección de poemas interpretados al español

 

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Rebrote Baudeleriano no es una traducción más. Frente a las versiones en idioma español existentes —fieles al sentido literal y/o libres en técnica—, la presente antología aplica métrica poética rigurosa de soneto -que corresponden-, más aún, con la intención del Poeta Maldito francés.

Los 13 poemas escogidos, se presentan conforme al orden editorial canónico de Les Fleurs du mal (1861) y Les Épaves (1866), escritos por Charles Baudelaire en Francia. Cada poema es una correspondencia rítmica reinterpretada, no un calco semántico.

Rebrote Baudeleriano extrae una flor maligna original para sublimarla en una nueva forma voluptuosa y visceral, para que truene fragorosa en idioma español.

Samael Magnum – Bogotá DC, Colombia, 2026
 

 

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Les Fleurs du Mal (1861)

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SPLEEN ET IDÉAL
XXVI — Sed Non Satiata
XXXVII — Le Possédé 
LXXXII — Horreur sympathique

 

TABLEAUX PARISIENS
LXXXVIII — À une mendiante rousse 
XCIII — À une passante

 

LE VIN
CVII — Le vin du solitaire 
CVIII — Le vin des amants 

 

FLEURS DU MAL
CIX — La Destruction

 

RÉVOLTE
CXX — Les Litanies de Satan

 

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Les Épaves (1866)

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LES ÉPAVES
I — Le Coucher du soleil romantique

 

PIÈCES CONDAMNÉES, TIRÉES DES FLEURS DU MAL
II — Lesbos
IV — Le Léthé

 

ÉPIGRAPHES
XV — Lola de Valence

Sed Non Satiata


SPLEEN ET IDÉAL
XXVI — Sed Non Satiata 
 

Deidad extraña, morena como son las noches,

Eres una amalgama de almizcle y de habano,

Obra de algún Obi, el Fausto de la sabana,

Bruja del lado del ébano, hija de los niches,

 

Prefiero mi voluntad, el opio, las bohemias,

El néctar de tu boca que pavonea a la pasión;

Cuando a ti mis deseos salen en procesión,

Tus ojos, son la fuente donde beben mis problemas.

 

Por esos vastos ojos negros, suspiros de tu alma,

¡Oh demonio sin piedad! ¡Derrámame menos fuego!;

No soy el Estigia para saciarte una novena,

 

¡Ay de mi! No me es posible, Arpía libertina,

Atenuar tu coraje y someter tu denuedo,

¡En el infierno de tu cama, serás Proserpina!​

Le Possédé


SPLEEN ET IDÉAL
XXXVII — Le Possédé
 

Como él, con una tortilla el sol se cubrió.

Acuéstate de sombra; ¡Oh Luna de mi vida!

Duerme o fuma a tu antojo; sé oscura, sé muda,

Y sumérgete en el abismo del hastío;

 

¡Te amo así! Sin embargo, si quieres ahora,

Cual astro eclipsado que asoma en la penumbra,

Lucirse en sitios donde la locura estorba,

¡Está bien! ¡Daga sibila, emana en tu funda!

 

¡Enciende tu ojo con flama de candelabros!

¡Enardece el deseo en los ojos obscenos!

Todo en ti me resulta placer, morbo y orgullo;

 

Sé lo que quieras, negra noche, aclarar rojo;

No hay una fibra en todo mi cuerpo estremecido

Que no grite: ¡Oh, querido Lucífugo, te adoro!

Horreur Sympatique


SPLEEN ET IDÉAL
LXXXII — Horreur Sympatique
 

Desde este cielo bizarro y lívido,
Atormentado como tu destino,
¿Qué escudriñó en tu ánimo asediado,
Desciende?, Respóndeme, ¡Oh libertino!

—Insaciablemente ávido
De lo oscuro y de lo incierto,
Yo no gemiré como lo hizo Ovidio
Desterrado del paraíso latino.

Los cielos desgarrados como acantilados
En Vosotros se observa mi orgullo;
Vuestras espléndidas nubes en duelo.

Son las carrozas de mis sueños,
Y Vuestras luces son los reflejos
Del infierno, donde se complace mi corazón.

 

À une mendiante rousse 


TABLEAUX PARISIENS
LXXXVIII — À une mendiante rousse 
 

Nena blanca de crin rojiza,
Horadada es tu vestimenta
De la que escapan la pobreza
   Y la belleza, 

Para mí, poeta maldito,
Tu cuerpo joven y enfermizo,
estrellada, de pecas llena,
   A su dulzura.

Tu portas más elegancia
Que una reina de novela
Sus borceguíes afelpadas
   Tus incómodas pezuñas

En vez de un trapo desprovisto,
Que traje de corte suntuoso
Apliques largos y llamativos pliegues.
   Pisándote los talones;

En lugar de medias con agujeros,
Sólo para ojos de los desviados.
En tu pierna, un dorado estilete
   Reluce nuevamente;

Lío de nudos mal atados
Confesar por nuestros pecados
Tus dos radiantes senos, hermosos,
   Como ojos;

Que por quitarte el ajuar
Tus brazos se hacen rogar
Y cazan con golpe amotinado
   Los dedos del trasgo,

Perlas del agua más bella,
Sonetos del maestro Belleau
Por tus galantes encadenados
   Incesantemente ofrecidos.

Trovadores de rimas,
Te dedican sus primicias,
Y contemplan tus sandalias
   Bajo las escaleras,

En esta página, que ama el azar,
Muchos señores y muchos Ronsard
Prepararían para la deducción
   ¡Tus tarifas reducidas!

Contarías en tus lechos
Más besos que flores de Lis
Y pondría bajo tus preceptos
   ¡Más de un Valois! 

—Sin embargo, vas mendigando.
los antiguos escombros yaciendo
En el paso de algún Véfour 
   Instante crucial; 

Disimulada, vas a ojear
Joyas de veintinueve centavos
Las cuales no puedo, ¡Oh! perdón! 
   A ti donar. 

¡Ve!, entonces, sin alhaja alguna,
Diamantes, perlas, esencia,
que tu desnudez escasa,
   ¡Oh mi belleza!

 

À une passante


TABLEAUX PARISIENS
LXXXVIII — À une passante
 

La calle en derredor bramaba contaminada.
Alta, delgada, hondo luto, un dolor majestuoso,
Una fémina cruza, con ademán fastuoso,
Oscilando, recompone el pliegue de su falda.

Ágil y noble, con su pierna monumental.
Me emborrachaba, como un maniático sufrido,
En su ojo, cielo lívido de un tifón surgido,
La dulzura que fascina y el deleite fatal.

Un relámpago... ¡luego noche! —fugaz beldad—,
Cuya mirada me hizo renacer de repente,
¿Te contemplaré únicamente en la eternidad?

¡Otro sitio, allí! ¡tarde o muy tarde! ¡tal vez nunca!
No sé a dónde huyes; conmigo no escaparías,
¡Oh tú a quien hubiera amado, oh tú que lo sabías!

 

La vin du solitaire


LE VIN
CVII — Le vin du solitaire 
 

El atisbo especial de una mujer refinada
Que se desliza hacia nosotros como el relámpago
Que la luna ondulada hechice al convulso lago,
Cuando bañe su belleza, despreocupada;

La apuesta final en la mano de un jugador;
Un beso libertino de la flaca Adeline;
El fragor, de música visceral o vorágine,
Como el grito lejano del humano dolor,

¡Todo esto, no vale [nada]!, ¡Oh botella profunda!,
Los bálsamos activos que tu panza fecunda
Guarda en el corazón voluble del Poeta atroz;

Le contagias esperanza, juventud y vida,
-Y el orgullo, el tesoro de la miseria, toda,
¡Que nos hace triunfantes e iguales a los Dioses!

 

Le vin des amants


LE VIN
CVII — Le vin des amants
 

¡Hoy la atmósfera es muy liberal!
Sin frenos, sin púa, sin dogal,
Vamos a cabalgar en el vino
¡Por un cielo genial y divino!

Como dos ángeles torturados
Aventureros empedernidos,
En azul vítreo matutino
¡Sigamos el delirio lejano!

Endeblez, colgados en el ala,
De aquel torbellino inteligente,
En una quimera paralela.

Mi aliada, nadando costa a costa,
Sin descanso ni tregua, huiremos
¡Al paraíso, que son mis sueños!

 

La Destructio


FLEURS DU MAL
CIX — La Destruction
 

En mis flancos ⏤sin cesar⏤, el Demonio se agita;
En derredor flamea como el aire impalpable;
Lo ingiero y compruebo que en mi pulmón se sublima,
Acusándome de un deseo eterno y culpable.

Presume ⏤a veces⏤, perspicaz de mi amor al Arte,
La apariencia de la fémina más seductora,
Y disfrutando el engaño, el pretexto cobarde,
A sus filtros execrables, mis labios aveza.

Lejos de la protección de Dios, Él me gobierna,
Gimiendo, desecho desde el tedio hasta la entraña.
En aquel desierto de hastío, profundo y vacío.

Y vierte en mis ojos, pletórica confusión,
Vestimenta inconsciente, entreabiertas heridas,
¡Y el ingenio sanguíneo de la Destrucción!

 

Les Litanies de Satanas


RÉVOLTE
CXX — Les Litanies de Satan
 

Oh Tú, el arcángel más omnisciente y afortunado,
Dios oculto por el hado y de loar, privado.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Oh Príncipe del exilio que has sido agraviado,
Y quien, abatido, más fuerte te has levantado.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú qué sabes todo, Gran Rey de entes subterráneos,
Sanador familiar de los agobios humanos.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que, a los leprosos, a los parias malditos,
Enseñas por amor del paraíso, sus secretos.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Oh Tú, que, de la Muerte, tu vieja y fuerte amante,
Engendras esperanza; ¡una adorable demente!

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que das al proscrito ese vistazo altivo y tranquilo,
Que maldice a todo el pueblo alrededor del patíbulo.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que sabes en qué madrigueras envidiosas,
El Dios receloso escondió las piedras preciosas.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, cuya providencia accede a hondos arsenales,
Donde duerme enterrado el pueblo de los metales.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, cuya mano indulgente oculta el precipicio,
Al sonámbulo que erra al borde del edificio.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que mágicamente aflojas los huesos añejos,
Del borracho decrépito hollado por los caballos.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que para aliviar al hombre abyecto que sufre,
Nos enseñaste a mezclar el salitre y el azufre.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que pones tu sigilo, oh cómplice sutil,
En la frente del magnate, sanguinario y vil.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Tú, que inflamas los ojos y el corazón de las musas,
El culto de la llaga y el amor a las vestiduras.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Bastón de desterrados, lámpara de inventores,
Confesor de ahorcados y de conspiradores.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!

Padre adoptivo de aquellos que, en su terrible ira,
Expulsó Dios Padre del paraíso en la Tierra.

¡Oh, Satanás! ¡Legitima mi eterna vileza!


[Súplica]

Gloría y alabanza a Ti Satanás en las altas dimensiones.
Del cielo donde reinabas y en las profundidades.
¡Desde el infierno, donde derrotado, sueñas en silencio!
Haz que mi alma un día, bajo el árbol del conocimiento,
Junto a ti descanse, cuando en tu frente,
¡Sus ramas manifiesten El Nuevo Temple!

 

Le Coucher du soleil romantiqu


LES ÉPAVES
I — Le Coucher du soleil romantique
 

Que inestimable es el Sol cuando recién se encumbra,
¡Es como una explosión que nos deriva saludos!
—Bienaventurado es, el que puede con afectos
¡Encomiar su puesta, más beata que quimera!

¡Me acuerdo!… De observarlo todo; flor, fuente, surco,
Turbarse a su ojo como corazón agitado...
—Vamos al horizonte, es tarde, corramos rápido,
¡Para retener al menos un vector oblicuo!

Pero, inútilmente persigo al Dios que pernocta;
La Noche irresistible, su reinado decreta,
Negro, húmedo, funesto y lleno de escalofríos;

Un olor a tumba nada en el obscurantismo,
Y mis pies embadurnados, al borde del pozo,
Sapos inesperados y caracoles fríos. 

 

lesbo


PIÈCES CONDAMNÉES, TIRÉES DES FLEURS DU MAL
II — Lesbos
 

Madre de juegos latinos y de placeres griegos,
   Lesbos, donde los besos, complacientes o lánguidos,
Cálidos como soles, frescos, como sandías,
   Son el adorno de noches y días gloriosos;
Madre de juegos latinos y de placeres griegos,

Lesbos, donde los ósculos son como las cascadas
   Que se lanzan sin miedo a los abismos sin fondo,
Y corren, sollozando y riéndose por los golpes,
   Tormentoso y secreto, rebosante y profundo;
¡Lesbos, donde los ósculos son como las cascadas!

Lesbos, donde las Phrynés, una con otra, se atraen
   En donde jamás un suspiro quedó sin eco,
Al igual que Paphos, las estrellas te contemplan,
   ¡Y Venus puede, -con razón-, envidiar a Sapho!
Lesbos, donde las Phrynés, una con otra, se atraen,

Lesbos, tierra las de noches lánguidas e impetuosas,
   ¡Que hacen de sus espejos, estéril placidez!
Nenas de ojos vacuos, de sus cuerpos fascinadas,
   Miman los frutos maduros de su desnudez;
Lesbos, tierra de las noches lánguidas e impetuosas,

Dejemos al viejo Platón, fruncir el ojo austero;
   Obtienes tu perdón con el exceso de besos,
Reina del dulce imperio, tierra indulgente y noble,
   Y de la distinción, siguen siendo duraderos.
Dejemos al viejo Platón, fruncir el ojo austero;

Del martirio sempiterno arrebatas tu perdón,
   Pleno infligido, a los corazones ambiciosos,
Que la resplandeciente sonrisa nos atraiga
   ¡Vagamente vislumbrada al borde de otros cielos!
¡Del martirio sempiterno arrebatas tu perdón!

¿Quién de los dioses decidirá, Lesbos, ser tu juez?
   Y condenarte la tez lívida, por tus frutos,
Sus balanzas de oro no pesaron el diluvio
   ¿De lágrimas que, en el mar, has vertido en arroyos?
¿Quién de los dioses decidirá, Lesbos, ser tu juez?

¿Qué quieren de nos, las leyes de lo justo y lo injusto? 
   Vírgenes de corazón sublime, honor del archipiélago,
Vuestra religión como cualquier otra, es augusta,
   ¡Y el amor se burlará del cielo y del infierno!
¿Qué quieren de nos, las leyes de lo justo y lo injusto?

Porque Lesbos, -de entre todos-, me designó en la Tierra
   Para cantar el secreto en flor de sus vestales,
Fui admitido desde la infancia al misterio negro
   Risas frenéticas mezcladas con llantos lúgubres;
Porque Lesbos, -de entre todos-, me designó en la Tierra.

Y desde entonces vigilo la cumbre de Leucate,
   Como un centinela con ojo agudo y seguro,
Que vela incesante por bote, buque o fragata,
   Cuyas figuras aisladas tiemblan en el índigo;
Y desde entonces vigilo la cumbre de Leucate,

Para saber si la mar es indulgente y benévola,
   Y entre los sollozos, que resuenan con el risco
Una tarde retornarás a Lesbos, que absuelve,
   El cadáver amado de Sapho, que zarpó
¡Para saber si la mar es indulgente y benévola!

De la Sapho masculina, la amante y la poeta,
   ¡Más bella que Venus, —por su rubor—, desolada!
—El ojo azul es vencido por el jaspeado
   Areola tenebrosa, —por penas—, trazada.
¡De la Sapho masculina, la amante y la poeta! 


—Más bella que Venus levantándose sobre el mundo.
   Y vertiendo tesoros de su serenidad
Y aquel resplandor de su dorada juventud
   Sobre el viejo Océano de su divinidad;
¡Más bella que Venus levantándose sobre el mundo!

—De Sapho que desencarnó el día de su blasfemia,
   Cuando, insultando el rito y el culto sin novedad,
Ella hizo de su hermoso cuerpo el prado supremo.
   De un hombre brutal cuyo honor juzga la impiedad
De Sapho que desencarnó el día de su blasfemia. 

Y es desde ese momento que Lesbos se lamenta,
   Y, a pesar de las honras que le da el universo,
Se embriaga en las noches con el grito del tormento
   ¡Que sus riveras desiertas crezcan hacia el cielo!
¡Y es desde ese momento que Lesbos se lamenta!

 

Le Léth


PIÈCES CONDAMNÉES, TIRÉES DES FLEURS DU MAL
IV — Le Léthé
 

Ven a mí corazón, alma sorda y envilecida, 
Tigresa adorada, monstruo de aires indolentes. 
Quiero sumergir mis dedos trémulos, perennes;
En aquel espesor de tu cabellera henchida. 

En tus faldillas humedecidas de tu efluvio,
Pretendo enterrar mi cabeza apesadumbrada, 
Y respirar [solemne], como una flor marchita, 
El inefable bálsamo de mi amor difunto.

¡Quiero dormitar! ¡Dormitar en vez de existir! 
En un sueño tan delicioso como la muerte, 
Mis besos sin remordimientos, esparciré
Sobre tu hermoso cuerpo, como el cobre al pulir. 

Para engullir mis estremecimientos sedados 
Nada se compara al precipicio de tu cama;
Pues, el poderoso olvido reside en tu boca, 
Y el Leteo, que se derrama en tus besuqueos.

 

A mi destino, ahora mi voluptuosidad, 
Obedeceré como cualquier predestinado; 
Un mártir obediente, inocente condenado, 
Cuya devoción enardezca toda maldad. 

Te chuparé, para ahogar mi resentimiento, 
El néctar de la bienaventurada cicuta
En hechiceros pliegues de esa aguda garganta
Que, en la vida, con su corazón ha aprisionado.

 

Lola Vale


ÉPIGRAPHES
XV — Lola de Valence
 

Entre tantas bellezas que se ven por doquier,
Contemplo, colegas, al deseo tantear;
Empero, en Lola de Valence, veo brillar, 
Con su encanto, como el del ágata, conmover.

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